Para los urbanistas, el proyecto de
Olmos, es un tema que se da entre dos extremos, por un lado, un sueño, el sueño
de pensar que este podría ser un caso que llevado por el camino de la búsqueda
de la excelencia, termine convirtiéndose en una ciudad o una red urbana MDL,
Mecanismo de Desarrollo Limpio, la denominación que a partir de la cultura del
Protocolo de Kioto, se utiliza para los
proyectos con el mínimo impacto contaminante sobre el territorio. Del otro
extremo, una pesadilla, al extrapolar los casos recientes de urbanización
asociados a la atracción poblacional que un megaproyecto produce en el
territorio nacional.
Para ello, quiero iniciar la explicación de esta idea
enumerando algunos antecedentes urbanos que en el territorio peruano se han
producido asociados a los grandes
proyectos o megaproyectos.
El mas reciente es el caso de
Melchorita, un punto del litoral a 150 Km al sur de la ciudad de Lima, en el que la empresa privada decidió
construir el terminal del gasoducto desde Camisea, una inversión de casi 4,000
millones de dólares que incluye facilidades de almacenamiento, distribución y
embarque del gas y empleos directos para unas 1,000 personas que habitan dentro
de los linderos del complejo y que como era de esperar, significa la atracción
del triple o más pobladores en busca del empleo indirecto. A tres años del
inicio de operaciones, esta población atraída por el empleo, ocupa el territorio de manera desordenada, en
terrenos sin habilitación urbana.
En Melchorita, tal como en cualquier
otra parte del país, grupos de traficantes de tierra venden terrenos rústicos sin servicios a pobladores
que se asientan sin ninguna facilidad e inician un largo proceso de
subdesarrollo marcado por alta mortalidad infantil, neumonía, disentería,
tuberculosis. Traficar tierra rústica es ilegal, de manera que gran parte del
costo de instalación en el territorio en los primeros años se gasta en
corrupción para evitar la intervención de policías, fiscales, jueces y
autoridad municipal. El diseño urbano a cargo de personas sin preparación,
busca maximizar el número de lotes y no incluye áreas para equipamiento urbano
ni áreas de espacio público o para
recreación. La ocupación se da a partir de la capacidad económica y técnica de
los pobladores, sin estudios de suelos, las construcciones se inician a cargo
de albañiles o prácticos en construcción.
En el caso de Melchorita, inversiones
importantes como la carretera panamericana sur quedan afectadas por la falta de
espacio para vías auxiliares.
Si bien Melchorita es un caso
reciente, el estado peruano tiene también antecedentes en el manejo urbano de
proyectos de aumento del área agrícola, tal es el caso del proyecto
Chavimochic, 45,000 ha de tierra nueva irrigada dedicados a productos de exportación que
supuestamente generan empleo
adecuadamente bien pagado. En los valles de Chao, Virú, Moche y Chicama,
estimando un promedio de dos o tres personas por hectárea, es decir 90,000 o más familias adecuadamente
empleadas no tuvieron las facilidades para producir, a partir del éxito
económico de la agro-exportación, un correlato urbano medianamente equivalente.
Sin apoyo, la población se estableció inicialmente en el pueblo de Virú y luego
en los asentamientos humanos de Chimbote, Santa y la ciudad de Trujillo.
En la práctica, la población beneficiada por estos proyectos se distribuye en todo el
territorio incluyendo la ciudad de Lima.
De esta manera, se pierde la posibilidad de integrarla en un proyecto
urbano local, pero lo más lamentable es
que se pierden numerosas sinergias que aprovechadas aliviarían costos de
diversos sub proyectos y todos en conjunto, serían la manera mas exitosa de
ocupar adecuadamente el territorio.
En el siglo pasado, el estado peruano
construyó la Carretera Marginal de la Selva, hoy llamada Carretera Fernando
Belaunde Terry en honor a su promotor e impulsor. Una magnífica idea, la
carretera conectó a la red regional y urbana del país, más de 100,000 hectáreas
de tierra nueva a lo largo del río Huallaga. Como era de esperar, población
migrante fue atraída a esos territorios, sin intervención del estado en ninguno
de sus estamentos, hoy tres o cuatro generaciones después de eso, el
valle del Huallaga es una importantísima área productora de cocaína, sus
autoridades elegidas por voto democrático cada vez se alejan más de la
legalidad y son un caso complicado de gobernabilidad.
Antecedentes menores se dieron y se
dan por todo el país, con el mismo efecto sobre el territorio, al no haber un
claro rol del estado ni normativamente, ni ejecutivamente, ni
administrativamente, la sociedad peruana en su conjunto no está organizada para
otro tipo de ocupación masiva que la que produce actualmente.
Todos estos antecedentes nos
preocupan porque a partir del pasado martes 20 de diciembre de 2011, en que el
presidente Ollanta Humala invitado por Odebrecht presenció la excavación de los
últimos metros del túnel que traerá agua de la cuenca del Atlántico a la cuenca
del Pacífico, se inicia la cuenta regresiva hacia la irrigación de 38,000 hectáreas
de tierras de altísima calidad agrícola y que significarán la oferta de empleo
bien remunerado para más de 70,000 personas en sus primeros años. Estoy seguro que tanto el gobierno Central
como el Regional y numerosas instancias
técnicas y administrativas se han preocupado de pensar el tema de la ocupación
urbana de esta región, pero mi temor es que a pesar de esto, los antecedentes
de nuestro estado y de la sociedad
peruana en su conjunto respecto a la ocupación del territorio, son los que
hemos señalado, antecedentes que mas podrían llamarse un prontuario porque
implica el crimen de implantar el correlato urbano del sub desarrollo perdiendo
o desperdiciando la oportunidad de construir el escenario del desarrollo que
a la larga es el de la gobernabilidad.
Pero ¿porqué sucede esto?. Hace poco
me entrevistó una colega arquitecta y periodista para un programa en televisión
y pude captar su desazón y decepción cuando me escuchó decir que el urbanismo
en el Perú se practica desde bases profesionales solamente para menos de un 10%
de las áreas techadas en el país. Aunque nos suene duro de escuchar, el estado
ha delegado la tarea de promover la ocupación de la tierra a compradores de
tierra rústica que, actuando en contra de la ley, encargan la lotización de
esta tierra a prácticos cuya principal herramienta es un saco de tiza con lo
que lotizan el área procurando obtener la mayor cantidad de lotes para la
venta, en este proceso, no interesa el área para equipamiento urbano, tampoco
interesa producir espacio público ni calles amplias y menos parques o áreas
libres, el objetivo es vender la máxima cantidad de lotes. Sobre esta trama urbana inculta, con sus
conocimientos de arquitectura y construcción o mejor dicho, sin ellos, cada poblador inicia la construcción
de su parte de ciudad. Dos o tres generaciones después, con el costo de cientos
de muertos por disentería, neumonía y tuberculosis, el estado aparece en la
forma de algún congresista o candidato que a cambio de votos y con un costo
alto por las dificultades que plantea equipar una trama urbana no pensada
técnicamente y las dificultades planteadas por la población ya
establecida, logra dotar de agua,
desagüe, energía eléctrica, alumbrado público, pistas y veredas. Un poco más
tarde, el estado aparece para construir
comisarías, postas médicas y escuelas, esa es la forma como se produce el 90 %
del área urbana en el Perú. Un agravante adicional es que de esa manera, el
habitante nunca logra entender su rol como contribuyente de un sistema de
gobierno municipal.
Esta pesadilla trasladada a Olmos es
que ya estén siendo comprados los terrenos rústicos que serán vendidos a los
pobladores que atraídos por los empleos directos y por los indirectos, podrían
sumar uno o más núcleos urbanos en este nuevo territorio.
Pero si bien esa es la amenaza, ¿cómo
se describe el sueño?, el sueño en el siglo XXI se llama proyecto urbano MDL,
Mecanismo de Desarrollo Limpio, es decir la intervención humana con la menor emisión
de gases efecto invernadero, que por la naturaleza del problema parece lejana, pero no lo es si consideramos que el
metano es un gas de efecto invernadero y la basura producida por un poblado de
100,000 habitantes puede convertirse en miles de m³ de metano al día que en
un proyecto MDL serían fuente de energía limpia.
Siendo así el caso un proyecto urbano
MDL en Olmos se describiría de la siguiente manera:
En cuanto a abastecimientos, lo
primero, tenemos el agua, lo que falta es la ingeniería de detalle para
convertirla en redes de agua potable, ¿será posible hacer un acueducto desde el
final del túnel para minimizar el tratamiento al potabilizarla?, ¿se conservará
la diferencia de altura para evitar equipos de bombeo? Son opciones que tomar.
Cada una de ellas debería ser evaluada.
Con un abastecimiento de energía
proveniente de la hidroeléctrica y de fuentes alternas como la eólica, la
fotovoltaica y la proveniente del metano.
Con una red de desagüe desagregada en
aguas grises y aguas negras. Estando a mas de 500 m sobre el nivel del mar, las
aguas grises tratadas pueden tener varios usos antes de llegar al mar.
Con un servicio municipal de recojo
de desperdicios desagregado no solamente entre orgánico e inorgánico sino
además el orgánico planeado como materia prima de grandes bolsones productores
de metano para producción de energía y el inorgánico desagregado por material y
para ello las edificaciones y la ciudad planeadas con facilidades para
almacenar los desechos desagregados.
Todo lo enumerado hasta ahora son
proyectos rentables, cada uno podría sostener la actividad de una empresa
privada. A eso se le llama sinergias. Aprovechadas las básicas e iniciales,
surgen otras complementarias o secundarias. Por ejemplo, el transporte en todas
sus formas generaría proyectos rentables para un Terrapuerto-aeropuerto-estación
modal, la ciudad ordenada tendría un aumento del valor inmobiliario más
pronunciado que el del promedio nacional.
Proyectos de vivienda rentables con financiamientos subvencionados, tal
como se subvenciona actualmente la compra-venta de vivienda en el resto del
país, podrían hacerse masivamente.
Sin embargo los arquitectos sabemos
que lo más importante para el éxito de un proyecto de esta envergadura gira en
relación a dos puntos:
·
El trazado urbano que debería ser hecho con
la suficiente ambición como para convertirse en la base de una población
exitosa del siglo XXI. Este trazado, debería tener resuelto el tema vial con
secciones de vía que permitan a futuro sistemas de transporte masivo, con área para futuros encuentros
nodales para los diversos tipos de transporte que incluyan la conexión al
tráfico aéreo, con suficiente espacio público como para destacarse
ventajosamente del resto de ciudades del país, con áreas para equipamiento
educativo, de salud, de comercio,
industria, finanzas y otras.
·
La gestión, que para hacer realidad
este proyecto debe ser única y con suficiente autoridad y recursos para
ejecutar lo planeado. Para construir una ciudad ninguna de sus áreas de
equipamiento urbano debería pensarse como aislada y en este caso tendríamos una
dificultad por la forma como el Sistema Nacional de Inversión Pública obliga a
los sectores a intervenir aislados y sin coordinación en el territorio. Sin
embargo este podría ser el caso de una inversión predominantemente privada.
El costo final de las unidades de
vivienda debería ser considerablemente más bajo respecto a otras localidades del país por el
hecho de tener el costo de terreno a menor precio. Se ha calculado que la
incidencia del costo del suelo en el
total de la vivienda en Lima es 50%, bueno tendríamos una ventaja
comparativa aquí.
Otra pregunta importante es qué área de vivienda y como debemos construirlas. Para
empezar diremos que en este caso entre 30,000 y 50,000 personas adecuadamente empleadas pueden pagar un 30%
de su sueldo en una solución a su problema de habitabilidad, si la legislación
actual nos llevan a viviendas de 40 m², ¿por qué no hacer multifamiliares
con unidades de 40m² a precios subvencionados con un bono de fomento inmobiliario
similar o mayor al que se da en Lima u otras ciudades? De esta manera podríamos
producir un mercado inmobiliario propio en Olmos que permita unidades desde 40 m² y que implique la
solución a los primeros años de establecimiento de parejas jóvenes. Estas
unidades podrían ser el primer paso frente a futuras unidades mayores de 60, 70
o 90 m², de dos o de
tres dormitorios creándose un mercado con las compra-venta de las
unidades de 40 m² para inmigrantes recientes.
La principal dificultad estará en el
cambio de actitud del estado acostumbrado a actuar décadas después de producida la ocupación, con lo que
el escenario del subdesarrollo queda plasmado en el territorio. La base de este
enfoque es el análisis costo-beneficio
incompleto en el que las variables utilizadas solamente son las económicas a
corto plazo. En el siglo pasado el maestro Walter
Issard proponía enriquecer este análisis
con variables sociales y ecológicas de mediano y largo plazo, incorporar al
análisis la alta tasa de mortalidad, el impacto ambiental, la corrupción desde
el origen que se enlaza con la corrupción futura hasta converger en
ingobernabilidad.
La tarea es convencer al estado que
invertir antes del asentamiento de la población y promover la inversión privada
ordenada, creando, aprovechando y acompañando las sinergias del proceso, es menos costoso que hacerlo al
final asumiendo los pasivos sociales y ambientales. Este será el más difícil reto para llegar al
sueño de Olmos, un sueño en el que deberían estar comprometidos no solamente
los arquitectos sino nuestra generación entera.

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