viernes, 29 de marzo de 2013

¿En micro a Chincheros?



Quiero tratar el tema del nuevo aeropuerto para el Cusco que Proinversión sacará a concurso por segunda vez. Esta vez, parece que las cosas irán mejor, porque los terrenos donde se construirá el aeropuerto, han sido ya adquiridos por el Gobierno Regional del Cusco.  Sin embargo esta leve mejoría en la calidad  del proceso es solamente un componente del resultado final de este proyecto que a todas luces reclama una visión integral de planeamiento urbano y regional.

El área de Chincheros queda a 25 Km del centro de la ciudad del Cusco, Proinversión asume que solamente es necesario concesionar un aeropuerto, ¿iremos en micro-bus al nuevo aeropuerto?, ¿qué destino tendrá el área del antiguo aeropuerto Velazco Astete? ¿cómo manejaremos el impacto paisajístico y ambiental en Chincheros una de las zonas mas hermosas de los alrededores del Cusco?, ¿el nuevo mayor flujo turístico irá todo a Macchu Picchu? ¿no tendremos que ampliar la oferta turística con calidad similar a la existente? , estas preguntas aún sin respuesta nos llevan a la afirmación que en pleno siglo XXI, en el Perú seguimos planeando mal las cosas.

La respuesta a todas estas preguntas debería ser un Plan de desarrollo Urbano Regional de la ciudad del Cusco y sus valles vecinos. Dentro de ese plan, se resolverían todos esos temas.

¿Qué tipo de aeropuerto necesitamos? Yo creo que necesitamos un aeropuerto con suficiente capacidad y calidad como para superar ampliamente al aeropuerto de El Alto en La Paz, con lo que ganaríamos en redefinir el flujo actual y hacer que la llegada mas importante a la región sea Chincheros y no El Alto, Cusco y no La Paz. Debería quedar claro entonces que no necesitamos un Aeropuerto para remplazar al Velazco Astete sino uno para superar a El Alto (4,060.00 msnm).
El programa del Aeropuerto de Chincheros debería incluir debajo del área de hall del aeropuerto, un piso de arribo de un tren eléctrico de alta velocidad que conecte masivamente el nuevo aeropuerto y una estación en la ciudad del Cusco. Con la misma lógica, dentro del nuevo aeropuerto debería haber un terminal de transporte vehicular y óbviamente un hotel. Cada uno de estos componentes del programa, tal como en cualquier parte del mundo, son negocios o proyectos independientes, todos generadores de sinergias aprovechables por el resto, por lo que para su promoción, programación y construcción es necesario un ente organizador que maneje en conjunto los proyectos específicos.

Otro tema es el tratamiento del área del actual Aeropuerto Velasco Astete, esta área que actualmente queda en medio de la ciudad, debería quedar predominantemente libre y ser usada como parque, la gran área verde que una ciudad como el Cusco merece para destacarse como un centro regional. Creo que como máximo un 15% de esta gran extensión debe ser usada para ubicar infraestructura urbana necesaria para la ciudad. La estación de llegada del tren eléctrico desde el Chincheros, proyectos de hotelería, áreas de oficinas y sedes bancarias  que podrían integrarse en un llamado Centro de Convenciones, un buen estadium olímpico convenientemente equipado, una buena área cultural con teatro, museos y biblioteca. Todo lo cual haría del Cusco una ciudad espléndida como Quito por ejemplo. Al igual que en el caso del Aeropuerto, todos y cada uno de estos equipamientos son negocios o proyectos independientes, por sobre estos proyectos, una autoridad autónoma que los gerencie y para que todo esto camine correctamente, un Plan de Desarrollo Urbano.  Tal como lo hicieron Guayaquil para su Malecón 2000, Barranquilla y Medellín para su plan urbano integral, Barcelona para su área central, Bilbao para su ría y decenas o cientos de ciudades tanto o menos importantes que la antigua capital del imperio de los Incas encaminada para el resto del siglo XXI.

El nuevo aeropuerto incrementará el arribo de pasajeros, ¿todos irán a Macchu Picchu?, sería un error, es necesario desarrollar nuevos atractivos de igual o mayor  calidad. Cusco los tiene, tal es el caso de Choquequirao, pero debe desarrollarlos, ponerlos en valor y dotarlos de infraestructura de acceso, de comunicaciones y de hotelería.

Por diversas razones, el estado y la sociedad peruana contemporáneos, han demostrado  una incapacidad para el manejo exitoso del territorio. El espacio urbano y regional peruano contemporáneo es caótico, feo e inmanejable  ¿será ese el caso del Cusco, su nuevo aeropuerto y el área del antiguo Velazco Astete?




Olmos.



Para los urbanistas, el proyecto de Olmos, es un tema que se da entre dos extremos, por un lado, un sueño, el sueño de pensar que este podría ser un caso que llevado por el camino de la búsqueda de la excelencia, termine convirtiéndose en una ciudad o una red urbana MDL, Mecanismo de Desarrollo Limpio, la denominación que a partir de la cultura del Protocolo de Kioto, se  utiliza para los proyectos con el mínimo impacto contaminante sobre el territorio. Del otro extremo, una pesadilla, al extrapolar los casos recientes de urbanización asociados a la atracción poblacional que un megaproyecto produce en el territorio nacional.
Para ello,  quiero iniciar la explicación de esta idea enumerando algunos antecedentes urbanos que en el territorio peruano se han producido  asociados a los grandes proyectos o megaproyectos.
El mas reciente es el caso de Melchorita, un punto del litoral a 150 Km al sur de la ciudad de Lima,  en el que la empresa privada decidió construir el terminal del gasoducto desde Camisea, una inversión de casi 4,000 millones de dólares que incluye facilidades de almacenamiento, distribución y embarque del gas y empleos directos para unas 1,000 personas que habitan dentro de los linderos del complejo y que como era de esperar, significa la atracción del triple o más pobladores en busca del empleo indirecto. A tres años del inicio de operaciones, esta población atraída por el empleo,  ocupa el territorio de manera desordenada, en terrenos sin habilitación urbana.
En Melchorita, tal como en cualquier otra parte del país, grupos de traficantes de tierra venden  terrenos rústicos sin servicios a pobladores que se asientan sin ninguna facilidad e inician un largo proceso de subdesarrollo marcado por alta mortalidad infantil, neumonía, disentería, tuberculosis. Traficar tierra rústica es ilegal, de manera que gran parte del costo de instalación en el territorio en los primeros años se gasta en corrupción para evitar la intervención de policías, fiscales, jueces y autoridad municipal. El diseño urbano a cargo de personas sin preparación, busca maximizar el número de lotes y no incluye áreas para equipamiento urbano ni  áreas de espacio público o para recreación. La ocupación se da a partir de la capacidad económica y técnica de los pobladores, sin estudios de suelos, las construcciones se inician a cargo de albañiles o prácticos en construcción.
 En el caso de Melchorita, inversiones importantes como la carretera panamericana sur quedan afectadas por la falta de espacio para vías auxiliares.
Si bien Melchorita es un caso reciente, el estado peruano tiene también antecedentes en el manejo urbano de proyectos de aumento del área agrícola, tal es el caso del proyecto Chavimochic, 45,000 ha de tierra nueva irrigada dedicados  a productos de exportación que supuestamente  generan empleo adecuadamente bien pagado. En los valles de Chao, Virú, Moche y Chicama, estimando un promedio de dos o tres personas por hectárea,  es decir 90,000 o más familias adecuadamente empleadas no tuvieron las facilidades para producir, a partir del éxito económico de la agro-exportación, un correlato urbano medianamente equivalente. Sin apoyo, la población se estableció inicialmente en el pueblo de Virú y luego en los asentamientos humanos de Chimbote, Santa y la ciudad de Trujillo.
En la práctica, la  población beneficiada  por estos proyectos se distribuye en todo el territorio incluyendo la ciudad de Lima.  De esta manera, se pierde la posibilidad de integrarla en un proyecto urbano local,  pero lo más lamentable es que se pierden numerosas sinergias que aprovechadas aliviarían costos de diversos sub proyectos y todos en conjunto, serían la manera mas exitosa de ocupar adecuadamente el territorio.
En el siglo pasado, el estado peruano construyó la Carretera Marginal de la Selva, hoy llamada Carretera Fernando Belaunde Terry en honor a su promotor e impulsor. Una magnífica idea, la carretera conectó a la red regional y urbana del país, más de 100,000 hectáreas de tierra nueva a lo largo del río Huallaga. Como era de esperar, población migrante fue atraída a esos territorios, sin intervención del estado en ninguno de sus estamentos,  hoy tres  o cuatro generaciones después de eso, el valle del Huallaga es una importantísima área productora de cocaína, sus autoridades elegidas por voto democrático cada vez se alejan más de la legalidad y son un caso complicado de gobernabilidad.
Antecedentes menores se dieron y se dan por todo el país, con el mismo efecto sobre el territorio, al no haber un claro rol del estado ni normativamente, ni ejecutivamente, ni administrativamente, la sociedad peruana en su conjunto no está organizada para otro tipo de ocupación masiva que la que produce actualmente.
Todos estos antecedentes nos preocupan porque a partir del pasado martes 20 de diciembre de 2011, en que el presidente Ollanta Humala invitado por Odebrecht presenció la excavación de los últimos metros del túnel que traerá agua de la cuenca del Atlántico a la cuenca del Pacífico, se inicia la cuenta regresiva hacia la irrigación de 38,000 hectáreas de tierras de altísima calidad agrícola y que significarán la oferta de empleo bien remunerado para más de 70,000 personas en sus primeros años.  Estoy seguro que tanto el gobierno Central como el Regional  y numerosas instancias técnicas y administrativas se han preocupado de pensar el tema de la ocupación urbana de esta región, pero mi temor es que a pesar de esto, los antecedentes de nuestro  estado y de la sociedad peruana en su conjunto respecto a la ocupación del territorio, son los que hemos señalado, antecedentes que mas podrían llamarse un prontuario porque implica el crimen de implantar el correlato urbano del sub desarrollo perdiendo o desperdiciando la oportunidad de construir el escenario del desarrollo que a  la larga es el de la gobernabilidad.
Pero ¿porqué sucede esto?. Hace poco me entrevistó una colega arquitecta y periodista para un programa en televisión y pude captar su desazón y decepción cuando me escuchó decir que el urbanismo en el Perú se practica desde bases profesionales solamente para menos de un 10% de las áreas techadas en el país. Aunque nos suene duro de escuchar, el estado ha delegado la tarea de promover la ocupación de la tierra a compradores de tierra rústica que, actuando en contra de la ley, encargan la lotización de esta tierra a prácticos cuya principal herramienta es un saco de tiza con lo que lotizan el área procurando obtener la mayor cantidad de lotes para la venta, en este proceso, no interesa el área para equipamiento urbano, tampoco interesa producir espacio público ni calles amplias y menos parques o áreas libres, el objetivo es vender la máxima cantidad de lotes.  Sobre esta trama urbana inculta, con sus conocimientos de arquitectura y construcción o mejor dicho,  sin ellos, cada poblador inicia la construcción de su parte de ciudad. Dos o tres generaciones después, con el costo de cientos de muertos por disentería, neumonía y tuberculosis, el estado aparece en la forma de algún congresista o candidato que a cambio de votos y con un costo alto por las dificultades que plantea equipar una trama urbana no pensada técnicamente y las dificultades planteadas por la población ya establecida,  logra dotar de agua, desagüe, energía eléctrica, alumbrado público, pistas y veredas. Un poco más tarde, el estado aparece  para construir comisarías, postas médicas y escuelas, esa es la forma como se produce el 90 % del área urbana en el Perú. Un agravante adicional es que de esa manera, el habitante nunca logra entender su rol como contribuyente de un sistema de gobierno municipal.
Esta pesadilla trasladada a Olmos es que ya estén siendo comprados los terrenos rústicos que serán vendidos a los pobladores que atraídos por los empleos directos y por los indirectos, podrían sumar uno o más núcleos urbanos en este nuevo territorio.
Pero si bien esa es la amenaza, ¿cómo se describe el sueño?, el sueño en el siglo XXI se llama proyecto urbano MDL, Mecanismo de Desarrollo Limpio, es decir la intervención humana con la menor emisión de gases efecto invernadero, que por la naturaleza del problema parece  lejana, pero no lo es si consideramos que el metano es un gas de efecto invernadero y la basura producida por un poblado de 100,000 habitantes puede convertirse en miles de  m³ de metano al día que en un proyecto MDL serían fuente de energía limpia.
Siendo así el caso un proyecto urbano MDL en Olmos se describiría de la siguiente manera:
En cuanto a abastecimientos, lo primero, tenemos el agua, lo que falta es la ingeniería de detalle para convertirla en redes de agua potable, ¿será posible hacer un acueducto desde el final del túnel para minimizar el tratamiento al potabilizarla?, ¿se conservará la diferencia de altura para evitar equipos de bombeo? Son opciones que tomar. Cada una de ellas debería ser evaluada.
Con un abastecimiento de energía proveniente de la hidroeléctrica y de fuentes alternas como la eólica, la fotovoltaica y la proveniente del metano.
Con una red de desagüe desagregada en aguas grises y aguas negras. Estando a mas de 500 m sobre el nivel del mar, las aguas grises tratadas pueden tener varios usos antes de llegar al mar.
Con un servicio municipal de recojo de desperdicios desagregado no solamente entre orgánico e inorgánico sino además el orgánico planeado como materia prima de grandes bolsones productores de metano para producción de energía y el inorgánico desagregado por material y para ello las edificaciones y la ciudad planeadas con facilidades para almacenar los desechos desagregados.
Todo lo enumerado hasta ahora son proyectos rentables, cada uno podría sostener la actividad de una empresa privada. A eso se le llama sinergias. Aprovechadas las básicas e iniciales, surgen otras complementarias o secundarias. Por ejemplo, el transporte en todas sus formas generaría proyectos rentables para un Terrapuerto-aeropuerto-estación modal, la ciudad ordenada tendría un aumento del valor inmobiliario más pronunciado que el del promedio nacional.  Proyectos de vivienda rentables con financiamientos subvencionados, tal como se subvenciona actualmente la compra-venta de vivienda en el resto del país, podrían hacerse masivamente.
Sin embargo los arquitectos sabemos que lo más importante para el éxito de un proyecto de esta envergadura gira en relación a dos puntos:
·         El trazado urbano que debería ser hecho con la suficiente ambición como para convertirse en la base de una población exitosa del siglo XXI. Este trazado, debería tener resuelto el tema vial con secciones de vía que permitan a futuro sistemas de  transporte masivo, con área para futuros encuentros nodales para los diversos tipos de transporte que incluyan la conexión al tráfico aéreo, con suficiente espacio público como para destacarse ventajosamente del resto de ciudades del país, con áreas para equipamiento educativo, de salud, de comercio,  industria, finanzas y otras.

·         La gestión, que para hacer realidad este proyecto debe ser única y con suficiente autoridad y recursos para ejecutar lo planeado. Para construir una ciudad ninguna de sus áreas de equipamiento urbano debería pensarse como aislada y en este caso tendríamos una dificultad por la forma como el Sistema Nacional de Inversión Pública obliga a los sectores a intervenir aislados y sin coordinación en el territorio. Sin embargo este podría ser el caso de una inversión predominantemente privada.
El costo final de las unidades de vivienda debería ser considerablemente más  bajo  respecto a otras localidades del país por el hecho de tener el costo de terreno a menor precio. Se ha calculado que la incidencia del costo del suelo en el  total de la vivienda en Lima es 50%, bueno tendríamos una ventaja comparativa aquí.
Otra pregunta importante es qué área  de vivienda y como debemos construirlas. Para empezar diremos que en este caso entre 30,000 y 50,000 personas  adecuadamente empleadas pueden pagar un 30% de su sueldo en una solución a su problema de habitabilidad, si la legislación actual nos llevan a viviendas de 40 , ¿por qué no hacer multifamiliares con unidades de 40 a precios subvencionados con un bono de fomento inmobiliario similar o mayor al que se da en Lima u otras ciudades? De esta manera podríamos producir un mercado inmobiliario propio en Olmos que permita unidades desde 40 y que implique la solución a los primeros años de establecimiento de parejas jóvenes. Estas unidades podrían ser el primer paso frente a futuras unidades mayores de 60, 70 o 90  ,  de dos o de  tres dormitorios creándose un mercado con las compra-venta de las unidades de 40 para inmigrantes recientes.
La principal dificultad estará en el cambio de actitud del estado  acostumbrado a actuar décadas  después de producida la ocupación, con lo que el escenario del subdesarrollo queda plasmado en el territorio. La base de este enfoque  es el análisis costo-beneficio incompleto en el que las variables utilizadas solamente son las económicas a corto plazo. En el siglo pasado el maestro Walter Issard  proponía enriquecer este análisis con variables sociales y ecológicas de mediano y largo plazo, incorporar al análisis la alta tasa de mortalidad, el impacto ambiental, la corrupción desde el origen que se enlaza con la corrupción futura hasta converger en ingobernabilidad.
La tarea es convencer al estado que invertir antes del asentamiento de la población y promover la inversión privada ordenada, creando, aprovechando y acompañando las sinergias  del proceso, es menos costoso que hacerlo al final asumiendo los pasivos sociales y ambientales.  Este será el más difícil reto para llegar al sueño de Olmos, un sueño en el que deberían estar comprometidos no solamente los arquitectos sino nuestra generación entera.