viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Hacia la ciudad extruida?

En varios casos, me han pedido planos para hacer una casita en algún asentamiento humano o pueblo joven. Se trata de lotecitos de 6 a 8 metros de ancho por 10 o 12 metros de fondo en los que el proyecto es solicitado a manera de donación. En esos casos he tenido la oportunidad de conocer que, para ese “cliente”, el criterio para calificar un proyecto arquitectónico es la cantidad de columnas que demanda el proyecto. Cuanto menos columnas demande la edificación, mejor será el proyecto. Es así que para ese “mercado”, no interesa el tipo de distribución de los espacios, ni la calidad espacial de cada uno de ellos ni del conjunto. De acuerdo a la idea generalizada, ambos cambiarán conforme la familia y la casa crezcan. La edificación, es vista mas como el resultado de sucesivos ahorros diarios o semanales que convertidos en ladrillos, barras de acero y bolsas de cemento, permitirán a la familia vivir mejor cada día. En ese programa, cada ambiente solo cumplirá el requisito de proveer un techo y cerramiento suficiente para protección de la intemperie y de la inseguridad reinante en el vecindario y cuanto menos costo demande su construcción, cumplirá mejor esta finalidad.

De esta manera, la “ciudad” informal resultante que es el 85% del área urbana total, es la suma de miles, o mejor, centenas de miles de voluntades independientes cuya única motivación es sobrevivir a la vida “urbana” que a su vez está en proceso de construcción.

Análisis desalentador desde luego, y más desalentador aún sentirse, como arquitecto, parte de esa ciudad, pero necesario para entender las causas de la fealdad urbana de Lima y de la mayoría de las ciudades peruanas contemporáneas.

Pero esta fealdad urbana contemporánea no se localiza solamente en los asentamientos humanos y pueblos jóvenes, la fealdad urbana limeña y en general la fealdad de toda ciudad peruana contemporánea se extiende mas allá de los asentamientos urbanos informales.

En Lima, en toda la parte “moderna”, extrañamos conceptos elementales de ciudad como existencia y uso de espacio público, armonía de volúmenes, secuencia pensada de formas, en resumen, algún tipo de orden y concierto, carencias que son también el resultado de una demanda del mercado, de modo que de la misma manera que en los sectores populares un proyecto es mejor que otro cuanto menos columnas tiene, en los catorce o quince distritos limeños donde el “boom inmobiliario” es reconocible, un proyecto arquitectónico es considerado mejor que otro cuanto mas cantidad de unidades inmobiliarias logre obtener.

En la mayoría de casos este criterio no se ha limitado a la obtención de mas unidades en el área techada permitida, sino que se ha extendido a la habilidad del diseñador de obtener mayor altura de edificación y menor cantidad de requisitos municipales para lograrla, de modo que existe en la ciudad el criterio de calificación de arquitectos que lograron obtener mas cantidad de unidades con el mayor número de pisos y el menor costo normativo de estas unidades, sin importar si estos logros fueron obtenidos en aplicación de criterios técnicos, o lícitamente y obviamente sin importar el resultado urbano final.

Así las cosas, recorrer Lima o cualquiera de las ciudades peruanas es, en la actualidad, someterse a un ejercicio de tolerancia respecto a la forma final de la ciudad producida por este accionar de los intereses individuales de sus habitantes.

Para los promotores de proyectos en la ciudad formal, cada vez es mas reclamado el rol del arquitecto “sacador de manteca” a cada metro cuadrado de la ciudad exigiendo edificios de departamentos o edificios de oficinas o centros comerciales con la densidad de ocupación como el mas importante criterio de calidad arquitectónica.

Esta modalidad de ejercicio profesional es comparable al caso de una máquina de extrusión, en la que un molde o matriz, deja pasar masa moldeada por presión desde el lado opuesto. A mas habilidad del arquitecto para obtener mas masa, mejor el proyecto. A nadie le importa el resultado urbano final. Ni a la autoridad municipal preocupada por aumentar la densidad de ocupación dentro de los límites que los electores lo permitan, ni a los integrantes de las comisiones de calificación del Colegio de Arquitectos preocupados por no generar demandas por abuso de autoridad de parte de algún promotor, ni obviamente a los promotores inmobiliarios en legítima búsqueda de mayor rentabilidad.

Antiguos y bellos sectores de la ciudad en Miraflores o Barranco, zonas antiguamente homogéneas como Jesús María, Santa Beatriz e incluso Lince, urbanizaciones residenciales de grandes lotes convertidos en zonas de oficinas en Surco, presentan hoy los mas claros casos de esta nueva ciudad extruida.

Hay ciudades hermosas, dentro de ellas, hay sectores de factura contemporánea que armonizan con el resto de la ciudad, para producirlas, las colectividades que las habitan se organizan en la búsqueda de una forma final. Lima no es una de ellas.

Luis Gurmendi.