jueves, 12 de septiembre de 2013

El reto de la nueva ciudad de Olmos.

Desde hace 180 años, el estado republicano peruano carece de un enfoque sobre ocupación del territorio por la población, actualmente el rol de planeamiento y diseño urbano de la mayoría de los metros cuadrados techados del país está sobre terrenos que fueron invadidos y por lo tanto sin estudios de suelos ni habilitación urbana.  Una emergencia llevó al estado a trazar la trama urbana de Villa El Salvador en 1969 pero esa modalidad de intervención incluía la auto construcción, es decir la construcción informal a cargo de los pobladores. Con la auto construcción, el problema se agrava porque somos un país sísmico y se calcula que actualmente mas del 80% de la población urbana vive en viviendas sísmicamente vulnerables (1).
A la nueva ciudad de Olmos llegarán 70,000 personas adecuadamente empleadas en los próximos dos años y el planeamiento urbano propuesto por el Ministerio de Vivienda Construcción y Saneamiento que está pensado a partir de módulos básicos para ser ampliados por auto construcción está equivocado. Ahora el panorama es distinto a los 70, hay bonanza económica, hay potencial de desarrollo inmobiliario. Esta nueva ciudad es un reto a la acción del estado en ese tema.

Para empezar a analizar la potencialidad de Olmos habría que decir que a nivel global pocos escenarios disponen de 38,000 ha de tierra de primera calidad a cargo de empresas que ya acumularon experiencia en producir y exportar y que por lo tanto los miles de trabajadores adecuadamente empleados que llegarán a trabajarlas, deberían llegar con sus familias a ocupar unidades inmobiliarias terminadas, en multifamiliares diseñados por arquitectos, con estructuras calculadas por ingenieros y construcciones anti sísmicas hechas con participación de ingenieros y  supervisadas por empresas independientes. Los pobladores deberían llegar a pagar cuotas equivalentes al 25 o 20% de su ingreso mensual.  Para que eso sea posible, el Bono Familiar Hipotecario debería ser producto de un cálculo previo, un acuerdo previo entre los constructores de las viviendas y el Fondo MIVIVIENDA con la intervención de bancos.
De esa manera, podrían aprovecharse las sinergias que un  proceso  ordenado produciría. Podrían llegar a abrir sedes locales, empresas de servicios de salud, entidades educativas, centros comerciales, cinemas, cada uno de estos negocios totalmente rentables con una creciente demanda a cargo de población adecuadamente empleada. Un siguiente nivel de sinergias estaría planteado por servicios urbanos, un primer servicio de transporte debería ser organizado por alguna entidad previa a la municipalidad por crearse, un terminal terrestre y un campo de aterrizaje deberían formar parte de una sola futura estación nodal.
Aprovechando el menor valor de la tierra urbana por crearse, el planeamiento urbano de esta ciudad debería contar con un componente poco usual en el trazado urbano peruano: Ambición. La trama urbana debería ser lo suficientemente generosa como para incluir un gran parque central, y abundante espacio público.
Por primera vez y ojalá no por última, disponemos en Olmos de un caso, donde construir el escenario del desarrollo es posible. Distinto al escenario del subdesarrollo diseñado por traficantes de tierra y continuado por la auto construcción de viviendas con su componente perverso de riesgo a la salud mientras dure la auto construcción y su resultado más perverso aún de viviendas vulnerables construidas en un territorio altamente sísmico.
En Olmos recién a partir de un proceso como el descrito, tendría sentido el planeamiento urbano compatible con los estándares mínimos del siglo XXI, las calles deberían planearse desde su inicio amplias y con ductos subterráneos que permitan la evacuación pluvial y el registro y  mantenimiento de las redes de instalaciones que cobijen. Una empresa podría encargarse de hacer estos ductos, mantenerlos y cobrar por su utilización a las empresas de servicios. De esa manera, podría invertirse en pistas de concreto  cuya rotura esté prohibida.
Con algo de esfuerzo, podría pensarse en una ciudad inteligente, compuesta por usuarios inteligentes. Desde su inicio debería recolectarse la basura en grupos de reciclaje desagregado papel, plásticos, aluminio, vidrio, etc. los multifamiliares, los negocios, las instituciones todas, deberían contar con facilidades, áreas y sistemas urbanos para esta recolección.
Un producto muy valioso tendría este nuevo proceso. Desde el comienzo, el país dispondría de 38,000 ciudadanos optimistas, contribuyentes, capaces de formar parte de la población gobernable del país, distinto al grupo de invasores ilegales cuyo primer esfuerzo organizacional sería juntar cuotas para la corrupción de las autoridades encargadas de evitar su asentamiento y cuyo siguiente paso sería diseñar, calcular y construir viviendas vulnerables, de mala calidad y tres o cuatro veces más costosas que las formales.
Ya no pensemos en un reto al estado, este es un reto al país, a sus integrantes a nuestra generación entera. El caso está frente a nosotros, cada día que pase juega en contra de la excelencia de su resultado final.

Luis Gurmendi Tovar
Arquitecto MPUR

(1), Ing. Julio Kuroiwa, Ponencia en Seminario Lima 8.0, FIA-USMP, 22 de marzo de 2013.