Treinta y dos mil hectáreas es un área enorme. Comparativamente es un rectángulo de ochenta kilómetros de largo por cuatro kilómetros de ancho. Es la extensión colindante a
La deforestación es solo parte del problema, además está la contaminación de las aguas y fauna con miles de toneladas de mercurio utilizado para separar el oro del mineral que se extrae del fondo de los lodos que quedan después de talar y eliminar los árboles.
Treinta y dos mil hectáreas con uno de los mayores grados de biodiversidad del planeta, hoy están convertidas en enormes charcos de lodo, rodeados por troncos devastados, ni qué decir de las especies que sucumbieron en primera línea. Esa zona era el hogar de variedades de papagayo entre otras miles de aves menos conocidas. Para la mayoría de los seres humanos del siglo XXI, este panorama desolador sería suficientemente aleccionador como para no repetir el error. Pero no para las autoridades peruanas.
El Ministro peruano del Medio Ambiente acaba de enunciar un plan para dar una nueva oportunidad a los causantes de este desastre. Esta vez la máxima autoridad de protección del ambiente en el Perú cree que es posible llevar a cabo actividad minera en esa región pero sin emplear mercurio. Es decir de aquí a un tiempo, tendremos otras
Mientras eso ocurra, el Ministro se dedicará a conseguir fondos para “recuperar” las treinta y dos mil hectáreas iniciales “degradadas por culpa de la minería informal…”.
La lógica del ministro es que ahora los operadores de la minería informal, a los que hace menos de un mes se les dinamitaron 19 dragas, podrán ser convencidos de usar otros tipos de tecnología sin empleo de mercurio pero que encarece su producción de oro en 15%.
Me pregunto para una región selvática tan frágil como Madre de Dios en pleno siglo XXI ¿no hay posibilidades de cambiar de actividad económica y reorientarla a otra como la reforestación y el turismo que implique conservar las áreas de selva y no depredarlas preservando su biodiversidad? ¿No será que hay un sinnúmero de programas derivados de las normas del Protocolo de Kyoto, los acuerdos de Copenhague y los bonos de carbón a los que el Perú podría aplicar que nos permitirían convertir esas t
Estoy seguro que dedicar esta enorme área a un plan de recuperación forestal y turística demandaría mas puestos de trabajo formal que los precarios e innobles empleos proporcionados hasta hoy por la minería informal. Cientos de niños secuestrados o negociados para ser empleados en condiciones cercanas a la esclavitud en labores mineras ¿No significan nada para las autoridades peruanas?.
Ojalá pronto tengamos noticias de un cambio de actitud.
Luis Gurmendi
