martes, 26 de marzo de 2013

¿Requium por el cebiche?


Tengo que confesar que soy un amante del cebiche. Prefiero el de cojinova, pero también me gusta el de lenguado, el de mero, el de corvina y otros. Este artículo tiene como finalidad hacer pública mi preocupación por el conjunto de acciones gubernamentales que, desde mi punto de vista, están atentando contra la presencia de estos peces en las mesas peruanas.

Empecemos por la llamada industria de harina de pescado. Pueda que esté equivocado, pero siempre pensé que es una aberración que en el Perú,  un país con alto índice de desnutrición infantil, una “industria” se base en  pescar masivamente anchoveta, cocinarla, deshidratarla,  convertirla en harina y venderla como proteína animal a otros países.

En el siglo pasado, los promotores de esta industria, divulgaron el argumento de que por su alto contenido graso, la anchoveta, no es comestible.  Semejante falsedad ha quedado desmentida en nuestros días ahora que sabemos que esa grasa es rica nada menos que en Omega 3, ácido graso esencial que tiene efectos benéficos  cardio-vasculares y cerebrales y por el hallazgo de anchovetas en las tumbas de cientos de gobernantes pre incas en la costa peruana que demuestran que este maravilloso pez siempre fue parte de la dieta del habitante peuano.

Además, siempre se supo que la anchoveta es un importantísimo eslabón de la cadena alimenticia de todas las especies marinas de la costa occidental de América del Sur, pero nunca como ahora, que varias especies marinas clásicas de nuestra gastronomía, como la cojinova, la corvina, el lenguado, se encuentran al borde de la extinción, es que cabe hacer  la reflexión que desde hace medio siglo los peruanos nunca hicimos.  
                                                      
¿Qué gana el Perú dedicando su anchoveta a harina de pescado y qué pierde?

Si bien en el siglo pasado la “industria” de harina de pescado era fuente solitaria de divisas como actividad “no tradicional” es decir no minera básica, en la actualidad, perdió ese status privilegiado y mas bien ahora que en medio de una bonanza económica el Perú trata de incrementar la ingesta de proteína en los diversos niveles poblacionales, la pregunta se cae de madura.

Sin embargo, la preocupación por las repercusiones sociales de esta actividad no es la única. Hasta el momento, la industria de harina de pescado ha sido una actividad circunscrita al ámbito empresarial nativo, donde cada empresa harinera se desenvuelve como un feudo familiar.  Pero hace una semana, la más grande empresa pesquera china que lógicamente es una empresa estatal, hizo en la bolsa de Oslo una Oferta Pública de Acciones por el control de una importante empresa harinera peruana. Eso si es preocupante, normar la industria era hasta hoy, un asunto entre peruanos, a partir de esta adquisición, será un asunto de repercusiones internacionales y nada menos que con la empresa china que, adquiriendo el dominio sobre la empresa peruana, planea convertirse en la primera productora mundial de harina de pescado. Habría que añadir, en base a anchoveta peruana. El caso no es único, una empresa coreana estaría actuando en forma similar con otra empresa  peruana. Volviendo una vez más sobre la pregunta sin responder  ¿no será que además de todo lo que perdemos en proteínas se torne desde ahora en pérdida de parte de nuestra capacidad de manejo administrativo interno de este tema?

Pero mi preocupación también se deriva de acciones de otros sectores del estado, esta semana Perú-Petro, una empresa estatal  perteneciente al sector energía y minas,  se alegra de anunciarnos haber convocado a concesión la exploración petrolera en el mar frente a las costas desde La Libertad hasta Ica. Después de haber creado múltiples dudas no esclarecidas sobre mortandad de peces y cetáceos en el norte desde Tumbes hasta Lambayeque, el estado peruano encamina la exploración petrolera hacia el mar del centro del país, el más rico en especies y masa pesquera. Se avecinan entonces conflictos entre pescadores y exploradores. Los primeros, a los que desde ya declaro mi apoyo incondicional, dirán que las labores de exploración como las detonaciones y las perforaciones afectan el comportamiento de los peces y contaminan el mar. Los segundos dirán que no, como ya lo dijeron en el norte, sin embargo numerosas playas en el norte muestran los efectos del trabajo descuidado y poco supervisado.

Meses atrás, Javier Wong, probablemente el mejor preparador de cebiche peruano a nivel mundial, alertaba en un programa de televisión sobre las autorizaciones que el Ministerio de la Producción ha otorgado a extractores de algas a lo largo de todo nuestro litoral. Las algas como era de esperarse, cumplen un rol insustituible en la vida marina. Son la base alimenticia del plankton que da inicio a la cadena alimenticia pero además sirven de refugio para el desove de la mayoría de las especies, autorizar su extracción utilizando grandes redes de arrastre y tractores es una total aberración, pero tienen gran demanda en el mercado mundial de fabricantes de artículos de tocador.

Finalmente, llegamos al origen de nuestra preocupación, nuestras  autoridades, sin ideas claras respecto a lo que realmente conviene al país, con numerosos lamentables casos de corrupción y a su población, desorientadas en medio de argumentos burocráticos, y lo que es más  grave, con cada vez menos capacidad de negociar frente a intereses que cada vez más, evidentemente, las rebasan.

Ahora respóndanme ¿tengo o no razón para preocuparme por el futuro del cebiche?