Tengo que confesar que soy un amante
del cebiche. Prefiero el de cojinova, pero también me gusta el de lenguado, el de
mero, el de corvina y otros. Este artículo tiene como finalidad hacer pública
mi preocupación por el conjunto de acciones gubernamentales que, desde mi punto de
vista, están atentando contra la presencia de estos peces en las mesas
peruanas.
Empecemos por la llamada industria de
harina de pescado. Pueda que esté equivocado, pero siempre pensé que es una
aberración que en el Perú, un país con
alto índice de desnutrición infantil, una “industria” se base en pescar masivamente anchoveta, cocinarla, deshidratarla, convertirla en harina y venderla como
proteína animal a otros países.
En el siglo pasado, los promotores de esta
industria, divulgaron el argumento de que por su alto contenido graso, la
anchoveta, no es comestible. Semejante
falsedad ha quedado desmentida en nuestros días ahora que sabemos que esa grasa
es rica nada menos que en Omega 3, ácido graso esencial que tiene efectos
benéficos cardio-vasculares y cerebrales y por el hallazgo de anchovetas en las tumbas de cientos de gobernantes pre incas en la costa peruana que demuestran que este maravilloso pez siempre fue parte de la dieta del habitante peuano.
Además, siempre se supo que la anchoveta es un
importantísimo eslabón de la cadena alimenticia de todas las especies marinas
de la costa occidental de América del Sur, pero nunca como ahora, que varias
especies marinas clásicas de nuestra gastronomía, como la cojinova, la corvina,
el lenguado, se encuentran al borde de la extinción, es que cabe hacer la reflexión que desde hace medio siglo los
peruanos nunca hicimos.
¿Qué gana el
Perú dedicando su anchoveta a harina de pescado y qué pierde?
Si bien en el siglo pasado la
“industria” de harina de pescado era fuente solitaria de divisas como actividad
“no tradicional” es decir no minera básica, en la actualidad, perdió ese status
privilegiado y mas bien ahora que en medio de una bonanza económica el Perú
trata de incrementar la ingesta de proteína en los diversos niveles
poblacionales, la pregunta se cae de madura.
Sin embargo, la preocupación por las
repercusiones sociales de esta actividad no es la única. Hasta el momento, la
industria de harina de pescado ha sido una actividad circunscrita al ámbito
empresarial nativo, donde cada empresa harinera se desenvuelve como un feudo
familiar. Pero hace una semana, la más
grande empresa pesquera china que lógicamente es una empresa estatal, hizo en
la bolsa de Oslo una Oferta Pública de Acciones por el control de una
importante empresa harinera peruana. Eso si es preocupante, normar la industria
era hasta hoy, un asunto entre peruanos, a partir de esta adquisición, será un
asunto de repercusiones internacionales y nada menos que con la empresa china
que, adquiriendo el dominio sobre la empresa peruana, planea convertirse en la
primera productora mundial de harina de pescado. Habría que añadir, en base a
anchoveta peruana. El caso no es único, una empresa coreana estaría actuando en
forma similar con otra empresa peruana. Volviendo
una vez más sobre la pregunta sin responder
¿no será que además de todo lo que perdemos en proteínas se torne desde
ahora en pérdida de parte de nuestra capacidad de manejo administrativo interno
de este tema?
Pero mi preocupación
también se deriva de acciones de otros sectores del estado, esta semana
Perú-Petro, una empresa estatal perteneciente al sector energía y minas,
se alegra de anunciarnos haber convocado a concesión la exploración
petrolera en el mar frente a las costas desde La Libertad hasta Ica. Después de
haber creado múltiples dudas no esclarecidas sobre mortandad de peces y cetáceos
en el norte desde Tumbes hasta Lambayeque, el estado peruano encamina la
exploración petrolera hacia el mar del centro del país, el más rico en especies
y masa pesquera. Se avecinan entonces conflictos entre pescadores y
exploradores. Los primeros, a los que desde ya declaro mi apoyo incondicional,
dirán que las labores de exploración como las detonaciones y las perforaciones
afectan el comportamiento de los peces y contaminan el mar. Los segundos dirán que
no, como ya lo dijeron en el norte, sin embargo numerosas playas en el norte
muestran los efectos del trabajo descuidado y poco supervisado.
Meses
atrás, Javier Wong, probablemente el mejor preparador de cebiche peruano a
nivel mundial, alertaba en un programa de televisión sobre las autorizaciones
que el Ministerio de la Producción ha otorgado a extractores de algas a lo
largo de todo nuestro litoral. Las algas como era de esperarse, cumplen un rol insustituible
en la vida marina. Son la base alimenticia del plankton que da inicio a la cadena
alimenticia pero además sirven de refugio para el desove de la mayoría de las
especies, autorizar su extracción utilizando grandes redes de arrastre y
tractores es una total aberración, pero tienen gran demanda en el mercado
mundial de fabricantes de artículos de tocador.
Finalmente, llegamos al origen de
nuestra preocupación, nuestras
autoridades, sin ideas claras respecto a lo que realmente conviene al
país, con numerosos lamentables casos de corrupción y a su población, desorientadas en medio de argumentos burocráticos, y lo
que es más grave, con cada vez menos
capacidad de negociar frente a intereses que cada vez más, evidentemente, las rebasan.
Ahora respóndanme ¿tengo o no razón
para preocuparme por el futuro del cebiche?

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