viernes, 17 de marzo de 2017

Lo que sucede.

Lo que sucede
Lo que vemos a la luz de los hechos y lo que estamos por ver, no son desastres naturales, es la naturaleza cuyos efectos estudiables, pronosticados y previsibles no han sido tomados en cuenta por décadas ni por las autoridades ni por la población.

Desde hace una década, el Perú está señalado como uno de los territorios más afectados por los efectos del Calentamiento Global y el Cambio Climático.

Estos efectos incluyen, como ahora, lluvia costera en el norte del país producto del calentamiento del mar y como consecuencia directa, aumento nunca antes registrado de las descargas de ríos y huaycos.

Lo que está por suceder
En un futuro cercano, estas descargas se incrementarán en las cuencas de Lima producidas por el deshielo de grandes masas de nevados en las cumbres de los andes y como consecuencia de ello el posterior stress hídrico en la ciudad de Lima. Hacia la cuenca del Atlántico, estas descargas también afectan a las poblaciones ribereñas de nuestros ríos de la selva. En la sierra sur del país, a partir de mayo y hasta fines de agosto, como viene sucediendo desde hace diez años, se presentarán temperaturas bajo cero nunca antes registradas en amplias zonas de los andes.

Adicionalmente, desde el año 2010, el CISMID de UNI, pronosticó  tres grandes sismos a darse en la costa occidental de América del Sur:
·         El de Antofagasta Iquique con una magnitud de más de 8 Mw, que se cumplió el 1 de abril del 2014 con una magnitud de 8,2 Mw
·      El de Manabí Esmeralda con una magnitud menor a 8 Mw que se produjo el 16 de abril de 2016 con una magnitud de 7.8 Mw y
·       Finalmente el que deberá ocurrir entre Huaral y Pisco, que afectará directamente a Lima con una magnitud entre 8,6 y 8,9 Mw, en promedio 8,7 Mw, magnitud nunca antes registrada en un sismo en la ciudad de Lima y cuyos efectos incluyen el colapso de un promedio de 30% del área edificada por autoconstrucción en Lima afectando a millones de personas.

La acción del estado peruano
Desde hace 60 años, el estado peruano ha ido progresivamente perdiendo su rol ordenador y rector de la ocupación del territorio tanto rural como urbano, siendo que en la actualidad menos del 15% del área edificada en el Perú se construye  con proyectos que hayan contado con la participación de arquitectos e ingenieros. Casi no existe instancias técnicas de planeamiento regional y urbano y menos aún no existen los mecanismos legales para que estas primen sobre los intereses particulares que las ignoran o incumplen.

Siendo así, y siendo que los fenómenos descritos tenderán a intensificarse, la acción del estado no puede describirse como una reconstrucción, debería ser  planteada y entendida como la ejecución de acciones planeadas para sobrevivir a fenómenos nunca antes conocidos en nuestro territorio.

El estado peruano debe asumir su rol rector para la utilización y ocupación del territorio, lo que implica legislación, organización y ejecución de proyectos de forma distinta a la actual.

Lo que se debe hacer
La probada ineficiencia de la actuación sectorial del estado en el territorio, debe dar paso a la planificación, organización y actuación espacial del estado en el territorio. Como en el resto del mundo, las autoridades normativas no pueden ser simultáneamente ejecutoras, se necesitan Corporaciones técnico administrativas autónomas y multidisciplinarias para contratación y supervisión de empresas privadas que ejecuten.

El estado peruano deberá actuar con firmeza frente a las mafias de traficantes de terrenos que actualmente lo sustituyen en la gestión de la ocupación del territorio en todo el país y son el primer paso de la autoconstrucción.

La autoconstrucción, descrita como la construcción sin la participación de arquitectos ni ingenieros y por lo tanto construcción sin estudios de riesgo, ni estudio de suelos, ni estudio de cimentación, ni diseñados por arquitectos ni calculados ni construidos ni supervisados por ingenieros, y por lo tanto productora de cantidades de edificaciones vulnerables que colapsarán en el sismo que esperamos, debe ser combatida por el estado en todas sus instancias por lo menos en el ámbito urbano.  
Actualmente el estado peruano promueve la autoconstrucción mediante el reconocimiento por COFOPRI de la posesión de tierra rústica vendida por las mafias a la población y mediante la oferta de módulos básicos para ser ampliados por autoconstrucción. Estas políticas de estado deben ser erradicadas.

El estado peruano debería centrar su política de vivienda en la construcción de proyectos multifamiliares planeados por urbanistas y arquitectos y calculados, construidos y supervisados por ingenieros y por lo tanto sismoresistentes, tal como lo hacen probadamente con éxito desde hace 25 años el estado chileno y el estado mexicano en sus territorios expuestos como el nuestro a la amenaza sísmica.

Por primera vez en casi cien años, a este gobierno le ha tocado la difícil tarea de priorizar la acción del estado para asumir con nivel de excelencia, estos retos que superan largamente lo planeado y ejecutado hasta ahora, ojalá que su acción signifique un cambio de rumbo que sería histórico.