En el menos aparente lugar del país, en medio del desierto
que separa Tacna de Arica, el estado peruano que hace 190 años no se ocupa del
desarrollo urbano, planea construir 2,700 viviendas unifamiliares e
infraestructura urbana tratando de echar a andar un proyecto que ha denominado
Ciudad Concordia.
El mismo estado que en el resto del país, ya desde hace medio
siglo, ha dejado en manos de mafias traficantes de terrenos las decisiones sobre
el asentamiento del 90% de la población, esta vez motivado por causales que no
responden ni a la lógica del planeamiento urbano ni a la del adecuado uso de
recursos, pretende asentar 15,000
personas en un área con serias limitaciones y actuando sin criterio técnico.
No tengo idea a quien corresponda la idea original, pero sea
quien sea, está equivocado. Una ciudad es más que la voluntad de alguna
autoridad cuyo período de gestión pasará pronto pero dejará una huella de su
mala decisión para el resto de la historia. Lo equivocado de esta decisión se
puede criticar desde dos niveles de análisis:
1.
Su ubicación,
en medio de la planicie desértica y sin fuentes de agua al sur del valle del Caplina, río tan poco caudaloso que su cauce no llega al mar y se pierde en el desierto pero que siempre fue la única fuente de agua de Tacna. La falta de agua fue la limitación al crecimiento poblacional y al desarrollo de Tacna hasta que se hizo el canal de Uchusuma que actualmente está al límite de su máximo rendimiento por lo que para esta nueva ciudad, el
estado asumirá el pasivo de costosos sistemas de producción y aducción de agua
potable, que sin duda, estarían mejor empleados en la ciudad de Tacna a 25 Km
al norte. Su mala ubicación también se da por su colindancia con el límite
binacional con Chile, ya que el contrabando, principal actividad delictiva de
la zona, se verá favorecido por la presencia de este centro poblado. Para
combatir sobre todo el contrabando hormiga, conviene esta zona deshabitada.
2.
Su planeamiento,
en base a viviendas unifamiliares de uno y dos pisos que en el Perú son
solamente el inicio de edificaciones multifamiliares auto construidas hasta
llegar a los cuatro o cinco pisos, con el problema técnico de tener edificaciones
ampliadas a cinco pisos autoconstruidas sobre cimentaciones para dos pisos y
por lo tanto altamente vulnerables por estar en territorio sísmico. Además, costos
finales altos por efecto de la autoconstrucción por etapas y finalmente ciudades feas producto
de la mezcla de emprendimientos individuales autoconstruidos sin orden ni
concierto.
En esa parte del país, primera imagen de ingreso viniendo de
Chile, el más ordenado de nuestros países vecinos, si se construye algo,
debería ser un modelo de orden y calidad urbana y arquitectónica. La
autoconstrucción no es el camino. Tal como está planeada Ciudad Concordia, al
cabo de unos años, será una horrible área desordenada con edificaciones de
ladrillo de tres a cinco pisos sin tarrajear y rodeada de un área de barriada
caótica y delincuencial dedicada al contrabando.
El estado peruano no debe incursionar en inmobiliaria, si
lo hace en este caso, debe hacerlo con proyectos bien planeados que aseguren un
nivel de excelencia y asesorado por profesionales con criterio, que le puedan hacer ver a sus momentáneos promotores que una
idea como Ciudad Concordia es un disparate.
Luis Gurmendi,
Arquitecto, Magister en Planeamiento Urbano y Regional.
