domingo, 5 de mayo de 2013

¿Una ciudad nueva?



Para los urbanistas, el proyecto de Olmos, es un tema que se da entre dos extremos, por un lado: un sueño, el sueño de pensar que este podría ser un caso que llevado por la búsqueda de la excelencia, termine convirtiéndose en una ciudad compatible con stándares mínimos del siglo XXI. Del otro extremo, una pesadilla, al extrapolar los casos recientes de urbanización asociados a la atracción poblacional que un megaproyecto produce en el territorio nacional.
Megaproyectos o grandes inversiones pero que lejos de haber logrado producir un correlato urbano de desarrollo, han generado todos ellos, grandes  áreas de barriada en sus inmediaciones. Tal es el caso de los cientos de poblados nacidos al borde de la carretera Marginal de la selva, o las grandes áreas de barriada en  los valles de Chao; Virú, Moche y Chicama y en las ciudades de Trujillo y Chimbote, relacionadas al proyecto Chavimochic y más recientemente al poblado de Melchorita relacionado al terminal del gasoducto.
 Todos estos antecedentes nos preocupan porque a partir del pasado martes 20 de diciembre de 2011, en que el presidente Ollanta Humala invitado por Odebrecht presenció la excavación de los últimos metros del túnel que traerá agua de la cuenca del Atlántico a la cuenca del Pacífico, se inicia la cuenta regresiva hacia la irrigación de 38,000 hectáreas de tierras de altísima calidad agrícola y que significarán la oferta de empleo bien remunerado para más de 70,000 personas en sus primeros años.  Estoy seguro que tanto el gobierno Central como el Regional  y numerosas instancias técnicas y administrativas se han preocupado de pensar el tema de la ocupación urbana de esta región, pero mi temor es que a pesar de esto, los antecedentes de nuestro  estado y de la sociedad peruana en su conjunto respecto a la ocupación del territorio, son los que hemos señalado. Antecedentes que más podrían llamarse un prontuario porque implica el crimen de implantar el correlato urbano del sub desarrollo perdiendo o desperdiciando la oportunidad de construir el escenario del desarrollo que a  la larga es el de la gobernabilidad.
Pero ¿porqué sucede esto? Porque aunque nos suene duro de escuchar, el estado ha delegado la tarea de promover la ocupación de la tierra a compradores de tierra rústica que, actuando en contra de la ley, encargan la lotización de esta tierra a prácticos cuya principal herramienta es un saco de tiza con lo que lotizan el área procurando obtener la mayor cantidad de lotes para la venta, en este proceso, no interesa el área para equipamiento urbano, tampoco interesa producir espacio público ni calles amplias y menos parques o áreas libres, el objetivo es vender la máxima cantidad de lotes.  Sobre esta trama urbana inculta, con sus conocimientos de arquitectura y construcción o mejor dicho, sin ellos, cada poblador inicia la auto construcción de su parte de ciudad. Dos o tres generaciones después, con el costo de cientos de muertos por disentería, neumonía y tuberculosis, el estado aparece en la forma de algún congresista o candidato que a cambio de votos y con un costo alto por las dificultades que plantea equipar una trama urbana no pensada técnicamente y las dificultades planteadas por la población ya establecida,  logra dotar de agua, desagüe, energía eléctrica, alumbrado público, pistas y veredas. Un poco más tarde, aparece  para construir comisarías, postas médicas y escuelas, esa es la forma como se produce el 90 % del área urbana en el Perú. Un agravante adicional es que de esa manera, el habitante nunca logra entender su rol como contribuyente en un sistema de gobierno municipal, ni como ciudadano vinculado al conjunto de instituciones que rigen el país.
Siendo así las cosas, El Comercio del 1º de mayo último, informa que representantes del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento presentaron al Gobierno Regional de Lambayeque los detalles de un denominado planeamiento integral de la nueva ciudad que aún no tiene nombre.
La “ciudad” presentada en este expediente es un manzaneo para la ubicación de las primeras 8,000 personas que se espera se asienten allí por la modalidad de autoconstrucción. Del proceso arriba descrito, el estado asume la etapa del trazado con tiza en el terreno, tal como lo hizo con Villa El Salvador hace 43 años ¿es todo lo que hemos avanzado? ¿Por qué no puede llegar el poblador a una vivienda terminada y pagar con cuotas adecuadas a su ingreso mediante el aumento del bono familiar? ¿Por qué el poblador debe arriesgar su salud y la de sus hijos durante el tiempo que dure la autoconstrucción para finalmente tener una vivienda de mala calidad, vulnerable a los sismos en un país sísmico y que sea parte del escenario de su subdesarrollo? ¿Por qué el estado no asume este caso como el primero de un nuevo  rol y lidera la construcción de una ciudad con estándares del siglo XXI?
Tres grandes trabas tiene el estado peruano para afrontar esta labor:
La primera, la  concepción  de su rol en la ocupación del territorio, nunca asumido en sus 192 años de su existencia y por lo tanto dispuesto a delegar responsabilidades iniciales para ya muy tardíamente, asumir enormes pasivos ambientales y sociales
La segunda es su conformación en sectores. Es imposible que 16 sectores administrativos o ministerios actuando cada uno por su cuenta en el territorio virgen consigan un resultado urbano coherente.
La tercera es la forma como se administra el dinero público mediante las normas del Sistema Nacional de Inversión Pública SNIP, donde una evaluación micro económica decide la viabilidad de las inversiones. Desde el siglo pasado, Walter Issard propuso evaluaciones más completas que incluyan no solo costos  y beneficios económicos sino en especial costos y beneficios ecológicos, ambientales y sobre todo sociales y plazos compatibles con la vida de una ciudad.
Hecha esta evaluación, en cualquier parte del mundo donde se haya emprendido una ciudad en los últimos 200 años se llega a la necesidad de una ley que cree una entidad autónoma que se encargue de todo.
En base a este razonamiento, está demostrado que el estado gastará menos invirtiendo desde el primer estadio de la implantación en el territorio, aprovechando las infinitas sinergias que se generan en este proceso, obteniendo a cambio desde el primer día del arribo  a la nueva área, no invasores, sino ciudadanos y contribuyentes lo que a la larga redunda en gobernabilidad y desarrollo. Y algo muy importante, tratándose de un país sísmico, logrando que el poblamiento se haga en base a proyectos formales que aseguren su invulnerabilidad frente a sismos.
Ahora bien, para que un poblador pueda tener interés en arriesgar su futuro en una nueva ciudad, es necesario adecuar todo a sus intereses y los del nuevo proyecto urbano. El bono familiar con que el estado subvenciona la vivienda, debe ser mayor al de cualquier parte del país, de esa manera desde su llegada a la zona, podrá acceder con cuotas a una vivienda propia.  Además, la oferta inicial de unidades de vivienda deberá incluir cuartos para  alquilar y/o unidades mínimas de 36 o 40 metros que podrá comprar y posteriormente vender cuando crea necesario, ya sea para comprar una nueva unidad más costosa o unidades con programas más completos y de mayor valor. Los  cuartos de alquiler, pero no ilegales e informales producto de edificaciones auto construidas  sino formando parte de proyectos planeados, integrales y anti sísmicos deberán ser reconocidos como un elemento importante de la oferta formal. Todo en su conjunto, debe ser diseñado con infraestructura y equipamiento urbano generosamente planeado, con ambición, que asegure el éxito.
Tratándose de una ciudad con pleno empleo, el estado debería encargarse de lo mínimo, ya que puede concesionarse gran parte de los servicios, desde agua y desagüe, pasando por electricidad, telefonía, servicios educativos, de salud y áreas de comercio. Cada uno de estos rubros puede generar negocios rentables que puedan atraer empresas formales y proveer servicios con nivel de excelencia.
Hacia el futuro, la ciudad con pleno empleo con base económica de agro-industria de exportación, puede dar pie a numerosos proyectos nuevos, un campo de aterrizaje, hoteles, un ferrocarril que minimice el costo de transporte hacia el puerto de Paita y más a futuro hacia el puerto de Yurimaguas.
Nada de eso derivará de lo planeado por el MVCS, la auto-construcción no es el camino.